La música es la más grande y genuina expresión del espíritu del ser humano, tan básica para su desarrollo y su existencia como lo es el lenguaje. A través de la música los niños adquieren mayor conciencia de sí mismos, del entorno y de los demás y aprenden una valiosa forma de canalizar y transformar sus emociones. Con la música pueden desarrollar de manera única su imaginación y su inabarcable creatividad y en definitiva vivir una vida más plena y dichosa.

Nuestra capacidad de aprender nunca es más alta que en el momento del nacimiento. Nacemos provistos de numerosas células específicas para cada sentido, que hacen posible que nuestras neuronas establezcan conexiones y circuitos cerebrales de aprendizaje. Si estas células no son utilizadas para establecer las conexiones relacionadas con el sentido correspondiente, en los momentos críticos del desarrollo cerebral, se pierden y nunca pueden ser recuperadas. Estas células servirán para reforzar otros sentidos y el sentido que se ha minusvalorado estará limitado de por vida. Por eso, si los niños en sus primeros meses de vida no tienen la oportunidad de adquirir un vocabulario de sonidos, las células que deberían usarse para establecer el sentido auditivo, serán redireccionadas hacia otro sentido, seguramente el visual, que será fortalecido a expensas del auditivo.

Se han desarrollado interesantes estudios en los que se observa cómo el cerebro humano funciona con diferentes frecuencias vibratorias. El ser humano adulto dispone de toda una gama de frecuencias cerebrales que van desde las frecuencias delta (las más bajas, sueño profundo) hasta las beta y gamma (las más altas, actividades conscientes habituales). Los niños, en cambio, se ha observado que de 0 a 2 años funcionan sobre todo en frecuencia delta. De 2 a 6 años el niño está casi siempre en estado theta, vinculado directamente con la imaginación. Entre los 6 y los doce años aparecen las frecuencias alfa, que implica mayor conciencia y después de los doce las frecuencias beta, que corresponden a las actividades específicas de la corteza cerebral: reflexión, análisis, capacidad de abstracción. Esta información es muy importante porque nos hace

comprenden lo altamente impresionable que es un niño en los primeros años de vida y lo 2 profundo que se ancla en su cerebro, todo lo que aprende hasta el punto que de ello depende las propias estructuras cerebrales que se van conformando y por tanto las capacidades que se van desarrollando.

Edwin Gordon, músico, investigador y pedagogo estadounidense, ha llevado a cabo la investigación más completa y exhaustiva de cómo aprendemos música y ha visto con claridad las enormes semejanzas que existen entre cómo aprendemos el lenguaje y cómo aprendemos música. De la misma forma que el correcto desarrollo del lenguaje requiere que los niños oigan hablar desde que nacen y esto es bastante tiempo antes de que ellos mismos puedan articular sus primeras palabras, en la música ocurre lo mismo. Sin la estimulación temprana de la esfera auditiva del cerebro se perderán células y se impedirán conexiones que perjudicarán gravemente el desarrollo musical de los niños a lo largo de su vida.

Normalmente sería en el hogar donde los niños podrían tener su primera escuela de música porque en muchos ámbitos es el hogar la escuela más importante que un niño tiene en su vida y los padres los profesores más significativos. Pero la mayor parte de los padres son capaces de guiar a sus hijos en la adquisición de las habilidades motrices primarias, en la adquisición del lenguaje hablado y de las habilidades aritméticas básicas, en cambio, no ocurre así con las habilidades musicales. Esto se debe a que a ellos mismos no les enseñaron a interpretar y a comprender música cuando eran pequeños. Incluso en las escuelas infantiles no se tiene un repertorio adecuado y rico de canciones, ni las profesoras disponen, como norma general, de un oído musical bien formado ni tienen entre sus objetivos desarrollar la musicalidad de los niños.

Se les suele dar a los niños un ejemplo musical muy pobre, con canciones de escaso valor musical y se pone el énfasis en los textos, que sirven más para estimular la imaginación visual o para trabajar contenidos extramusicales del mundo infantil, que para guiar la atención hacia el sonido, que queda así en segundo plano. De esta manera se les da a los niños muy poca o ninguna oportunidad de ser guiados hacia la adquisición de las habilidades esenciales que les abrirían las puertas de un aprendizaje musical realmente profundo y significativo para el resto de su vida.

 

Marisa Pérez

Directora y fundadora de la Escuela de Música con Corazón

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